Reseña del séptimo encuentro de “Lo que un caso enseña”

Por: Fundación Salto | 08 de enero de 2019

El día 8 de noviembre de 2018 se llevó a cabo el séptimo encuentro de “Lo que un caso enseña” en el marco del curso, dictado en el Instituto de la Fundación Salto, titulado: “Aproximaciones sobre el autismo. En torno al error de oponer la soledad y el lazo”.

A partir de la presentación de un caso clínico, como saldo del intercambio entre quien lo expuso y su interlocutor, se destaca la importancia de no dejar que el diagnóstico previo del paciente sesgue la mirada del analista, para no perder de vista cuestiones fundamentales que se presentan en forma de detalles. Teniendo en cuenta la noción de Otro perturbador introducida en el curso que oficia de marco conceptual al presente encuentro, rescatamos la importancia del lugar difrencial que ocupa el analista, en tanto Otro para el paciente, así como los actos que lo ubican en una posición operativa respecto a los demás agentes que componen el nudo en el que se desenvuelve el paciente, en pos de no oficiar, él también, como Otro perturbador.

Se destaca también la pregunta sobre qué orienta un caso, qué oficia de motor del mismo. La expositora comentó que el paciente fue diagnosticado con autismo, a lo que ella cuestionó desde las primeras instancias del tratamiento. Eso dió lugar a establecer como guía del mismo un interrogante que puso en juego cada vez, bajo los siguientes términos: ¿podría diagnosticar autismo considerando los detalles que se desprenden del tabajo analítico? Al respecto hizo refencia a ciertas maneras con las que el paciente intentaba establecer límites al Otro, o a las señales de corporalidad que se manifiestaban frente a la demanda de la analista; así como también el uso de elementos y juegos con los que intentaba dirigirse ella como modos rudimentales de comunicarse. Entonces no fue posible reducir el diagnóstico sólo a las conductas percibidas, descuidando todo aquello que acontecía justamente frente a la analista, aquello que auqnue sin hablar, el niño sí le dirigía.

El caso expuesto nos enseña que en modo alguno definen un diagnóstico ni el rumbo de un tratamiento las conductas observadas, sino más bien la atención puesta en los detalles que nos muestran lo que nos dirige el paciente. Es en ese escenario donde se pone en juego la materialidad que oficia como eje orientador del análisis, dejando el dilema diagóstico para sólo un segundo momento.

Diego Monti