2013: Psicoanálisis, Los Cuatro Conceptos Fundamentales

(…) yo afirmo que el interés del sujeto por su propia esquizia está ligado a lo que la determina -a saber, un objeto privilegiado, surgido de alguna separación primitiva, de alguna automutilación inducida por la aproximación misma de lo real, que en nuestra álgebra se llama objeto a (Jacques Lacan, 26 de febrero de 1964).
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Curso dictado por: Javier Bolaños.
Con docentes invitados.
Comienza: Jueves 4 de abril.
Duración: Anual.
Frecuencia: Quincenal (1º y 3º jueves de cada mes).
Lugar: Sede de la Fundación Salto.
Hora: 20hs.
Reseña Clase del 4 de abril de 2013. Por Julieta Lucero
El pasado jueves 4 de abril se llevó a cabo la primera clase del curso Psicoanálisis, Los Cuatro Conceptos Fundamentales.
En la misma, el docente situó coordenadas respecto al contexto histórico-político en que se dictó el Seminario 11 de Jacques Lacan. Coordenadas que incidieron directamente en el tratamiento de los conceptos allí planteados y en la lectura que, desde dicho curso, se hará de ellos, considerando, principalmente, que serán leídos en la Fundación Salto. Eso implicó instalar tensiones que, a su vez, constituyen otra que en Salto se privilegia: la tensión entre la salud mental y el trabajo de lo mental. Del mismo modo tuvieron lugar la tensión entre el  inconsciente y  la mente, el psicoanálisis y las terapias cognitivas,  la ciencia y la divulgación científica, así como también la política y las políticas.
Queda aún, continuar leyendo un psicoanálisis y cómo esos cuatro conceptos se hacen fundamentales.
Reseña del 18 de abril de 2013. Por Julieta Lucero
La segunda clase del curso giró en torno a qué supone el rechazo de un concepto, planteo que establece Jacques Lacan en su “Seminario 11”.
En la fundación circula el concepto de lo mental. Cabe preguntarse, entonces, ¿qué sucede con lo mental que se confunde tantas veces, en salud mental, con los productos de la mente?  (léase “La Mente y Lo Mental” en https://fundacionsalto.org/la-mente-y-lo-mental/). El curso, en esta oportunidad, intenta dar una respuesta a dicha pregunta planteando algunas primeras pistas, al ubicar al inconsciente como una cadena y tomando como referencia la clase “El inconsciente freudiano y el nuestro”.
En este sentido el docente abordó el problema entre la causa y el efecto, y el sostenido esfuerzo de aquellas políticas en juego a endosar a lo mental una causa determinada, cuyo efecto sea, entre otras cosas, susceptible de medicar y curar.
Por ende ¿qué es, en concreto, lo que se rechaza allí? Leído así, quizás las propuestas de este curso conduzcan a situar a lo mental como un concepto funda-mental en Salto.
Reseña del 2 de mayo de 2013. Por Hernán Brizio
En este encuentro el docente abordó la tercer clase del Seminario 11 llamada “Del sujeto de la certeza” (Jaques Lacan,  1964). Desde la referencia cartesiana a la que recurrió ilustró el proceder de Freud, ligado al de Descartes, en tanto la duda evidencia que la existencia del sujeto depende del pensamiento, y dicha certeza muestra que el sujeto se apercibe a partir de él.
En otra línea introdujo al inconsciente como ético que, debido a la presencia del analista, permite instalar un salto. Para ello, la recurrencia al “apólogo de los tres prisioneros” (Lacan) le permitió ilustrar el punto inicial (demora) y terminal (prisa), donde la anticipación a un saber resuelve la indeterminación o vacilación de la que se extrae la certeza. De este modo dejó abierto el debate en torno a brevedad y rapidez. De allí surge una pregunta: ¿es el salto un punto de de-tensión que permite discontinuar aquellos saberes rutinarios de la difusión científica?
Reseña del 16 de mayo de 2013. Por Julieta Lucero
La cuarta clase del curso giró en torno a la red de significantes y al lugar del sujeto.
La red fue definida como un sistema de elementos autónomos conectados por un medio físico o lógico dispuesto para pescar, para sujetar. Así el lugar del sujeto no es otro que el de esas conexiones, pues no tiene un lugar propio, está destinado, más bien, al pensamiento.
Con respecto a ello, el docente estableció una tensión entre el pensamiento y lo real, subrayando que un pensamiento adecuado (¿a qué?) siempre evita la misma cosa. De lo que se podría concluir que se piensa para evitar.
Evitar pero, a la vez consentir a un vasallaje, a costa de algo peor. Es por ello que esa, tal vez, sea la única vía para el sujeto en psicoanálisis: oscilar allí, donde quiere atrapar algo en la inmensidad de la red de significantes.
Reseña del 6 de junio de 2013. Por Hernán Brizio y Julieta Lucero
En esta oportunidad se trabajó, en el curso, el concepto de “repetición”. En pos de ello se invitó a Horacio Bruera (Licenciado en Filosofiía y Abogado) para abordar los conceptos de Tyché y  Automaton en Aristóteles. Sorpresivamente, Bruera concluye su exposición con el siguiente interrogante: “tyché y automaton, ¿son excepciones a la regla tal como lo pensó Aristóteles o, por el contrario, son la regla en sí?”.
El docente a cargo del curso presentó la clase “Tyché y Automaton” del Seminario 11 de Jacques Lacan. Allí trató al “automatismo de repetición” a partir de la “resistencia” del sujeto. Resistencia que el docente, siguiendo la aclaración de Freud en una nota a pie de página agregada en 1925 en el texto La interpretación de los sueños, destacó como esencial por ser una “advertencia para el analista” y un “aprovechamiento de una oportunidad”. También se ocupó de la repetición como tyché. Esta vez eligió hacerlo partiendo de la “emergencia” del sujeto (función de lo real).
El sujeto fue trabajado, además, desde la “negación expletiva”, pues su presencia, si bien no es necesaria, añade valor.
Más tarde puso en tensión el sueño y el despertar, aludiendo esta vez a Lacan, cuando preguntó “qué despierta”. Para comenzar a responder recurrió al clínamen de Epicuro, con el fin de señalar la incesante preocupación del hombre por la presencia del factor de indeterminación en todo desarrollo. Factor que, sin embargo y paradójicamente, “anima” a este último.
Finalmente subrayó y explicó la afirmación de Lacan “dios es inconsciente”, concluyendo que dicha sentencia (producto, sin ninguna duda, de la época) permite esclarecer, entre otras cosas, las razones de una “pluralización del nombre del padre”.
Reseña del 20 de junio de 2013. Por Julieta Lucero
En esta clase, “La esquizia del ojo y la mirada”, se situó la importancia de la mirada como aquello que recorta la inmensidad de lo visible. Qué es lo que hace detenerse allí; qué hace que se anteponga una forma-fragmento a otra; incluso se interrogó sobre qué nos hace mirar.
Por otro lado se ubicó lo tíquico como eso que, también, se antepone en todo ser hablante.
El destino del sujeto comenzó a ubicarse, así, entre la “anamorfosis”, cuando se está en la mira, y la “antihomeostasis” de lo tíquico. Es decir, siempre (des)quiciado.
Reseña del 4 de julio de 2013. Por Hernán Brizio
Se trabajaron, en esta ocasión, “Anamorfosis”, “La línea y la luz” y “¿Qué es un cuadro?” del Seminario 11 de Lacan.
La clase giró en torno a la dimensión geometral con el propósito de realzar la demarcación de un espacio, como principio de ubicación, por sobre la acción de ver.
El docente planteó, siguiendo a Lacan, lo inadmisible de la sentencia “la función crea al órgano”, pues la función del ojo, asevera, no agota la condición del órgano. Este último depende, más bien, no de una percepción sino de una inscripción en el ser hablante. Según la lectura de Lacan que se hizo en este curso, el ojo, como órgano, se sitúa, precisamente, en la dialéctica entre apariencia y mirada. ¡Eso separa las cosas!: se mira lo que no se ve, se ve lo que no se mira. Freud lo advertía, allí sucede la castración.
Ineludiblemente algo preexiste, pre-juzga, a lo visto y desorganiza la percepción.
El interrogante en psicoanálisis (no en salud mental),  girará alrededor de la posibilidad de poner en valor el espacio, la distancia, entre mirada y ojo, en ese flujo continuo de imágenes, con el propósito de permitir allí una caída, un salto. La respuesta se dará caso por caso.
Reseña del 18 de julio de 2013. Por Julieta Lucero
En esta clase el docente situó la “presencia del analista” como un modo de comenzar a trabajar el concepto de transferencia.
Al respecto señaló que dicha presencia es la que sostiene la estructura misma de un psicoanálisis. La idea de que el analista se disponga, se preste (oportunamente), señala una distinción radical con el hecho de que disponga la medida de lo saludable, sustentándose (huyendo) en teorías y técnicas “adecuadas”. En esa distinción ubicó el llamado a la “beldad” (Kierkegaard).
Si bien, el docente precisa, a partir de Lacan, que la presencia del analista es una manifestación del inconsciente, aclara que la transferencia se realiza en dicha presencia. Pero, paradójicamente, la transferencia permite suponer, según agrega, un sujeto que sabe hacer allí.
Reseña del 1 de agosto de 2013. Por Hernán Brizio y Julieta Lucero
En esta clase se trabajó “Análisis y verdad o el cierre del inconsciente” y “La sexualidad en los desfiladeros del significante” del seminario 11 de Jacques Lacan.
El docente repasó los puntos principales que Lacan toma de la teoría de la decisión (la política, la estrategia y la táctica -en ese orden) para afirmar que el propósito del funcionamiento del inconsciente es la búsqueda de un equilibrio. La insistencia por intentar establecer, en primera instancia, qué es el “inconsciente”, tiene como consecuencia la perpetuación de dicha pregunta. A su vez, durante este encuentro, se asemejó ese funcionamiento al trabajo psicológico, pues, al pretender interpretar como operación los efectos y productos del inconsciente, se establece, en esa misma acción, una duplicación de aquél.
Esa es la razón por la que el docente subrayó que el inconsciente está hecho, principalmente, para zanjar (allí tomó a Foucault), y  no para ser comprendido. En ese contexto destacó la importancia en psicoanálisis del engañarse, del dejarse tomar por un saber sin buscar restablecer ningún estado pretendidamente “natural”, para poder situarse en una lógica, en un surco donde el sujeto, tal vez, aparezca.
Por otro lado se destacó que la transferencia, como modo de acceso al inconsciente (como un modo de restituir esa historia), permite, por un lado, la apertura  de éste (lo que obliga a la suposición de un saber) o bien posibilita el cierre del mismo, la obturación de su trabajo. Esto último es lo que establece la realidad sexual del inconsciente. Allí cobra cuerpo, como suplemento del sujeto supuesto al saber, la presencia del analista. Ya estamos, sin ninguna duda, en el campo de un deseo bastante particular.
Reseña del 15 de agosto de 2013. Por Julieta Lucero
En esta oportunidad el docente abordó la clase “Desmontaje de la pulsión” del Seminario 11 de Jacques Lacan.
Comenzó con una referencia a Bentham y Lacan al destacar  la pulsión como una ficción real cuyo carácter se soporta, esencialmente, en su valor de uso.
En primer lugar se ocupó de diferenciar el ritmo biológico, la energía cinética (momento psicológico) y la fuerza constante (pulsión).
Para referirse a esta última utilizó el término montaje, como un ensamblaje de piezas incongruentes (oleadas singulares según Freud)  cuya principal función es la de crear una frontera (aludió a la conocida definición freudiana de “concepto fronterizo”).
Hacer una frontera, un borde, agregó, es establecer un espacio de tránsito, en este caso entre organismo y cuerpo (no se trata de nada psicológico en estas cuestiones). Crear un borde es engendrar un circuito de satisfacción antihomeostático y antinatural (en este sentido, no es exagerado pensarlo como un funcionamiento inverso al del Sistema Nervioso Central).
En este punto se detuvo y planteó un cuestionamiento fundamental:  si gracias al real Lacan lee en Freud un monismo que le permite afirmar “solo hay pulsión parcial”, y su trayecto (o la realización de su circuito) estructura y produce una relación al otro en todo ser hablante, ¿no sería interesante que no descartaran tan rápidamente esta advertencia aquellos trabajadores del “orden público” (J.A. Miller, 1988)?
Reseña del 5 de septiembre de 2013. Por Julieta Lucero
Esta clase del curso se abordó “La pulsión parcial y su circuito” de J.Lacan.
El docente comenzó escribiendo la frase que Lacan toma de Heráclito: “Nombre del arco es vida; su función es muerte”.
Partió, así, de la estructura de la pulsión: su trazado, su recorrido parcial. Lo fundamental, planteó siguiendo a Lacan, es el vaivén (recorrido de ida y vuelta) con que se estructura. En ese punto, hay que diferenciar el regreso del circuito pulsional del sujeto (estrictamente el otro) que aparece cuando la pulsión pretende cerrar su trayecto. Aclaró, en este punto, que ese sujeto no es el sujeto del significante, sino más bien un sujeto acéfalo. Allí se realiza la función de la pulsión, (¿esa es la función a la que aludía Heráclito?). Y a partir de Freud mencionó que más allá del Sistema Nervioso Central insiste otra realidad, una que le da a éste su estructura y su diversificación.
El docente aludió, al final de la clase, a otras disciplinas (importantes para la Fundación Salto) como la inteligencia artificial, la informática y la biología para hablar de la noción de bucle, en donde “una disposición circular de elementos interconectados causalmente, propaga dicha causa a través de los eslabones sucesivos del bucle, de modo que cada elemento tiene un efecto sobre el siguiente, hasta que el último retroalimenta el efecto sobre el primer eslabón en que se inició el proceso” (E. Marecos, 2009).
Cabe, para concluir, una pregunta: ¿de qué se trataría un trazado con pretensiones públicas? Una lectura sobre las políticas de salud vigentes, por ejemplo, puede brindar una respuesta.
Reseña del 19 de septiembre de 2013. Por Julieta Lucero
En la última clase el docente abordó “Del amor a la libido” del seminario 11 de Jacques Lacan. Comenzó hablando de Søren Kierkegaard (Temor y temblor, 1843) para referirse a la fe y a la ¿ineludible? tensión entre el sujeto y el Otro. A partir de allí, se ocupó de diferenciar, y en esto se detuvo, la pulsión del amor.
Su argumentación tuvo como disparador la aseveración de que, si bien la “ganze Sexualstrebung” no se deduce de ningún tipo de evolución pulsional, ello no evita que pueda sentirse. Entonces ¿qué elementos entran en juego?
El hecho de que la pulsión sea siempre parcial conlleva a que, en ese nivel, solo haya relación al objeto (no al Otro). Por otro lado, que pueda concebirse al amor como una pasión (padecimiento) implica que, en ese campo, se pretenda reciprocidad (¿alivio?).
El docente planteó, asimismo, la dificultad que acarrea abordar estos conceptos por separado, pues ¿acaso no se espera, desde los más diversos ámbitos, inclusive desde aquellos que dicen buscar “la ciencia y la verdad”, que se complemente uno con el otro?
Tal vez podamos suponer que el propósito de separarlos obedezca únicamente a un fin político, ¿qué otra razón habría para operar sobre algo? Que se advierta, o no, que constantemente hay política operando, ya es otro tema ¿Podemos arriesgar, a partir de ello, que “del amor a la libido” es la apuesta política que Miller lee en Lacan?
Pongamos de relieve ahora, ya en relación a los intereses de la Fundación Salto, la confusión que puede generar el hecho de no advertir que el inconsciente también tiene una política (de la cual el sujeto es efecto). Él, sin ninguna duda, tiene una clara idea (y sabe ejercerla) de qué implica perseguir la salud mental.
Reseña del 3 de octubre de 2013. Por Julieta Lucero
En la última clase el docente abordó “El sujeto y el Otro: la alienación” del Seminario 11 de Jacques Lacan.
En primer lugar subrayó la importancia clínica, política y epistémica de la alienación.
Al respecto aclaró que, si bien ella es forzada, no deja de definirse como un punto de elección. Es que decidir conservar una de las partes (a elegir), tal vez la única posible, no es lo mismo que no decidirlo.
Sin embargo el docente delimitó la consecuencia inevitable de dicha elección: una vida mutilada. Lacan lo concluye así: “vuestra elección será en todo caso decepcionante” (1964).
Lo interesante de ello es que la disimetría, única vía para diferenciar al sujeto del Otro, únicamente  puede alcanzarse, a partir de aquella elección. Solo a partir de lo que el significante hace en alguien (en tanto pulsación inconsciente), se establece esa diferencia de funciones.
El docente destacó, además, el aspecto esencial de la alienación (forzada y letal), frente al habitual idealismo (que se cuela a veces en clínica, en política y en episteme) de considerar que puede haber libertad sin alienación.
Reseña del 17 de octubre de 2013. Por Julieta Lucero
En la última clase el docente abordó “El sujeto y el Otro (II): la afanisis” del seminario 11 de Jacques Lacan.
Hizo hincapié en que si la alienación se sostiene en un no sin (en una condición necesaria de elementos), la separación, por el contrario, es la instauración de una presencia desprendida (tal vez con defección) del significante binario. Es decir, es quien lleva a término la circularidad de la alienación misma. Allí, el sujeto viene a jugar su mano, decía Lacan (1964).
Ante la sujeción que propone lo-mental-alienante frente al enigma del deseo del Otro, la separación se presenta como respuesta (con estatuto corporal) a dicha sujeción, lo que delinea puntualmente una elaboración de goce.
Así quedarían conformadas las dos operaciones: aquella que propicia la búsqueda del sentido y la que brinda la posibilidad de una restitución, justamente allí, de un ser (pero opaco).
Esto permite, quizás, comenzar a precisar la naturaleza de lo mental: ni los recursos de un computador, ni los procesos de un cerebro, ni los resultados de una mente.
Reseña del 7 de noviembre de 2013. Por Julieta Lucero
En esta clase el docente abordó “Del sujeto que se le supone saber, de la primera díada, y del bien” del seminario 11 de Jacques Lacan.
Comenzó destacando que sin la pulsión no puede constituirse el funcionamiento de la alienación. Y a ello añadió que la dialéctica entre sujeto y el inconsciente no puede limitarse a las referencias del campo del Lust (la relación con el objeto bueno). Hay otros objetos, afirmó siguiendo a Lacan, que inciden allí y no sirven para nada. Sin embargo causan.
Llegó a una particular tensión: la relación narcisista con los objetos (de amor o de bien) y aquella con el objeto como causa de deseo (de la pulsión).
En ese sentido se ocupó de destacar que el objeto es quien elige al sujeto y no a la inversa. Y es solo por eso que el sujeto resulta subvertido.
El docente concluyó, en relación al lugar del analista (que de la certeza del sujeto supuesto al saber a la certeza del objeto “a”), algo que aclara lo dicho anteriormente: si el analista no advierte a qué lugar va a parar, por dónde pasa el trabajo psicoanalítico, correrá el riesgo de que la estructura de su práctica esté sujeta, tal vez una ben-dición para muchos, solo a su forma mental.
Reseña del 21 de noviembre de 2013. Por Julieta Lucero
En esta clase el docente abordó “De la interpretación a la transferencia” del Seminario 11 de Jacques Lacan.
Comenzó estableciendo una distinción que tendría utilidad en el transcurso de la clase: ¿equis acontecimiento sucede en el campo del yo o en el campo del Otro? Pues allí estarían planteadas, así, la alienación y la separación, o no lo estarían.
Luego preguntó cómo es que el percipiens logra dar con el perceptum. Pues advirtió que, una y otra vez, el sujeto parece encontrar en el objeto su certeza.
Esto permitió aclarar la cuestión de la alucinación verbal, ya que, siguiendo a Lacan, no se trata de un falso perceptum (el objeto nunca puede tener estatuto de falso) sino de un percipiens desviado. Es gracias a Freud que sabemos, refirió, que en esa tensión (percipiens-perceptum), media el inconsciente. Es necesario, por ello, distinguir en el oír, el sonido del sentido (equívoco).
Si, como en el transcurso de las clases se ha dicho, el movimiento va del perceptum al percipiens y no a la inversa (es el perceptum el que hace de soporte, de superficie, al estar ya estructurado), entonces, ¿qué se busca obtener cuando se quiere acomodar-adaptar al percipiens? Tal vez la “purificación” del percipiens.
Reseña del 5 de diciembre de 2013. Por Julieta Lucero
En la última clase del año el docente abordó “En ti más que en tú” del Seminario 11 de Jacques Lacan.
Al comienzo, retomó una pregunta que se hace Lacan acerca de la praxis psicoanalítica: “¿qué seguridad tenemos de que no estamos en una impostura?”. Su respuesta tiene relación, definitivamente, con la tensión/dialéctica entre el sujeto y el Otro, porque si nuestra praxis no es asunto de orden religioso, hablar la lengua del otro se torna necesario. Y si nuestra praxis no se trata de lo que hace ese otro, es menester alcanzar precisión respecto a qué hace aquel. Tal vez esa sea la curiosa lectura que se busca hacer en el módulo de investigación “Del psicoanálisis y la inteligencia artificial” (https://fundacionsalto.org/psicoanalisis-e-inteligencia-artificial/).
Por otro lado, el docente también hizo hincapié en las últimas líneas de la clase donde se indica que el deseo del analista no es “puro”, sino, más bien, es el deseo de obtener una diferencia (sexual) absoluta. Esto supone que el otro aparezca como límite, se trata del cuerpo del otro sexuado de manera diferente. Estamos aquí, además, en los límites del amor, y es desde donde nos volveremos a encontrar en el curso del año próximo.