La ciudad como texto

Por: Fundación Salto | 05 de mayo de 2017

Javier García Herrero (Madrid / España). Foto de José Manuel de Lago Panadero.

Tus ilustraciones, tus dibujos, tu forma de mirar al mundo se remiten una y otra vez al tema CIUDAD. ¿Cómo es tu ciudad y qué acciones fue articulando a lo largo de estos años?

Mi ciudad es mutante y contradictoria. Crece con cada viaje, cada trayecto y cada dibujo, siempre distinta al hacerse visible. Es barroca y rocambolesca, en un sentido amplio. Camino mucho. Algunas veces selecciono música o programas de radio para ir de un sitio a otro. Llevo las manos en los bolsillos. Leo, dibujo y escribo en cafés, parques y cuando voy en metro o autobús. Tomo café. La mayor parte del tiempo voy solo, y me gusta, y creo que hace que valore más la buena compañía, recibir visitas que provocan recorridos especiales, y disfrutar de cuando soy yo el que recorre las ciudades de otra gente. Comunicar y conectar mundos parece ser imprescindible en tu obra. ¿A quién o quiénes les hablas? Esas conexiones, el desarrollo y crecimiento de la estructura que van creando, son el núcleo, la base y el eje principal de todo. Desde lo biográfico y lo afectivo, pasando por las experiencias culturales, hasta el contenido y la forma de cada obra. Hay veces en las que sí me dirijo a un público más o menos específico. Algunas, buscando un tono determinado para la obra, incluso pienso en una persona concreta. Empecé guiado por un expresionismo muy intuitivo, exponiendo lo que creaba para mí mismo y buscando llegar a la mayor cantidad posible de gente. Hace poco, hablando del hecho de gustar a todo el mundo, una amiga me hizo fijarme en la etimología de la palabra pánfilo. Ahora, buena parte de mi trabajo tiene un carácter divulgativo y trata de retransmitir hallazgos, “cosas” que me han impactado en el mejor de los sentidos, aunque entiendo que no todo el mundo tiene por qué sentirse fascinado por las obras de Juan Muñoz, Susan Sontag o Ulises Conti. En cualquier caso, de esta comunicación, pueden surgir conexiones que llegan a cambiarte completamente la vida, y eso es maravilloso y una de las razones fundamentales por las que sigo haciendo “cosas”.

¿Cómo surgen tus experimentos con la sonoridad y la imagen? ¿Cuál es la propuesta y hacia dónde nos lleva?

De niño, durante la semana, unos días iba a clases de dibujo y otros a piano y solfeo. No me gustaban especialmente, pero seguramente algo quedó. De hecho, creo que así empecé a experimentar la ciudad por mí mismo de manera más o menos consciente. Antes y después de las clases de dibujo, en un pueblo, me iba a un solar y miraba los montones de arena y chatarra escuchando la radio en un walkman. Las de música eran en una ciudad pequeña, donde empecé a caminar solo, y a ir a salones de máquinas arcade. Jugaba muy poco, pero me encantaba la atmósfera, la gente rara envuelta en humos varios, las pantallas y la estética de los juegos, y la mezcla de los ruidos electrónicos, bandas sonoras de videojuego y música noventera. Podría decirse que esas experiencias prefiguran gran parte de mi trabajo hasta ahora. El tipo de vinculación es lo que ha ido cambiando con el tiempo. En la escuela de Arquitectura hice mis primeros vídeos y volví a dibujar y a pintar. Allí, leer a Kandinsky fue clave. En Italia participé en un taller sobre improvisación con el saxofonista Gianni Gebbia que marcó un antes y un después, y colaboré con el Royal Ballet de Londres en un proyecto que me llevó a ampliar el campo de acción y reflexión. Los retratos de músicos que continúo haciendo, o las piezas abstractas en las que el sonido impulsa y guía el desarrollo de la obra son los casos más explícitos. Desde que me propusieron hacer la adaptación radiofónica de Final, un proyecto de investigación que publiqué, escrito y dibujado, en forma de revista cultural, esa relación entre medios y lenguajes ganó protagonismo y se estableció como tema en sí mismo. En Madrid, colaboro con la artista sonora Narcoleptica en un proyecto subtitulado Traslaciones Sonográficas, en el que hasta ahora hemos incorporado la escritura y editado una publicación en papel, Como Suena, y comenzamos un formato performativo, con público, que incluye spoken word y en el que en lugar de dibujar experimento con el teatro objetual de luces y sombras. [ http://traslacionessonograficas.tumblr.com ] No sé hacia dónde nos lleva, pero la exploración continúa, y cada vez me interesa más.

¿Trabajar en red y entornos colaborativos fortalece tu obra? ¿De qué manera?

Es fundamental. El aire y la energía que aportan los proyectos colectivos y los talleres que organizo dan lugar a procesos y resultados inimaginables. Siempre hay colaboraciones en marcha. Disfrutar esos espacios y relaciones abiertos a la experimentación, al intercambio de conocimientos y a la modificación de roles, también refuerza la concentración en mi trabajo individual a la hora de concretar trabajos visuales.

¿Cómo fue tu experiencia de trabajo en Córdoba en general y en Casa 13 en particular?

Aún mejor de lo que imaginaba, y estaba convencido de que sería muy buena. Ha sido fantástico volver a coincidir con personas como Noesasí, Federico Fernández, Alejandro Marcella y Catalina Urtubey, que han sido generosísimos conmigo y a quienes he encontrado “convertidos” en agitadores culturales de primera línea. He conocido a artistas muy grandes, y ha sido especialmente importante el contacto con la gente del taller Flores Arte y Ocio. Casa 13 ha sido mi estudio y centro de operaciones durante un mes, y, haciendo honor a su fama, un lugar de encuentro e intercambio donde, además de dinamizar el taller Distopías Sonográficas, he recibido visitas de muy buenos creadores de Córdoba y otras provincias de la Argentina, y he tenido el privilegio de conectar “azarosamente” con la gente del proyecto Big Bang. También ha sido un placer trabajar con el Centro Cultural España Córdoba y con Apolo FM, y en la Fundación Hölderlin, un lugar increíble en José de la Quintana que merecería un capítulo propio.

¿La gráfica experimental, las publicaciones en general te han permitido expandir tu territorio? ¿Qué has podido lograr a partir de ese espacio?

Edito y participo en fanzines y revistas colectivas desde los 11 años, y muchas veces la publicación ha sido el punto de partida desde el que los colaboradores hemos continuado trabajando juntos, desarrollando temáticas y sistemas de trabajo en otros ámbitos. Así fue en Córdoba en el 2012. Editamos un fanzine con de artistas de Italia, España y Argentina, después intervenimos colectivamente reproducciones de estos trabajos individuales, y organizamos presentación y muestra en Casa 13. La muestra viajó a Murcia (España) donde se sumó una nueva línea de intervenciones a manos del colectivo Fare Ala, y de allí a Lille (Francia). Durante la exposición del proyecto completo, en el Centro de Innovación Pedagógica, organizamos un taller con inmigrantes, artistas y docentes que fue maravilloso y del que surgió una nueva publicación. Efectivamente, puede decirse que me ha permitido expandir mi territorio, físico y creativo. A raíz de experiencias así, creé Ediciones Aerostáticas, empecé a publicar también mi trabajo personal y a plantear proyectos específicamente editoriales, más allá del catálogo y la recopilación de obras. Trabajando en proyectos de radio y multimedia has logrado conectar diferentes mundos y lenguajes.

¿Cómo se puede aprovechar y trasladar esa experiencia?

El subtítulo del proceso de trabajo que he llevado a cabo en Argentina ha sido Sonografías Urbanas, y en él he ido modificando las dinámicas con las que venía experimentando anteriormente, permitiendo que el tiempo y el cambio de contexto fuesen alterando el plan inicial y dando como resultado series de dibujos completamente imprevisibles. Aunque algunos de ellos ya contienen citas visuales que provienen de la búsqueda que he ido haciendo en el interior de varias bibliotecas públicas y privadas, aunque la radio ha sido el medio a través del cual compartir una parte de la investigación teórica, literaria y musical de estos meses (en Radio Eterogenia [ http://eterogenia.com.ar ], de Córdoba, y en mi web [ http://javiergarciaherrero.com ] Quiero aprovechar para recomendar el trabajo radiofónico de Juan Camós, uno de mis principales referentes. Descubrí su programa cuando me trasladé a Madrid, y ha marcado mi vida desde entonces. Puede escucharse desde la web de Radio Contrabanda [ http://aesteladodelatumba.contrabanda.org ] Has trabajado con la obra de muchos autores, artistas.

¿Podés contarnos tu experiencia en relación a la obra de Julio Cortázar?

Con algunos ejemplos: Antes de mi primera etapa en Argentina hice una exposición en París. Cuando terminé de leer Rayuela por segunda vez, me seleccionaron en un concurso para exponer en el antiguo manicomio de Palermo (Sicilia), y cubrí el patio de líneas blancas. Junto a Helena Martínez Oliva publiqué un cuento ilustrado en el que había un gato con dos cabezas llamado Julio, una cabeza era la de Verne y la otra de Cortázar. Y así, unos cuantos casos más. Ha sido un auténtico faro, desde lo formal, la técnica, el estilo y esas cosas, hasta su manera de… vivir, su actitud, su pasión y entusiasmo. Parafraseando a Billy Wilder, muchas veces me he preguntado, “¿cómo lo haría Cortázar?”, y no sólo en relación a una obra. Hay algunos libros suyos que han sido muy importantes en mi vida que quizá no son muy conocidos y, seguro, demasiado poco leídos: Los Premios, Imagen de John Keats, y su correspondencia con Eduardo Jonquières. También gracias a él, el elenco de artistas alrededor de los cuales trabajo crece continuamente y su papel cambia con el tiempo, pero me prescribí a mí mismo volver a Cortázar una vez al año, porque hace bien.

 

Javier García Herrero. Tinta sobre papel – 30 x 40 cm.