Sobre “Lo que un caso enseña: Segundo encuentro”

En esta oportunidad la presentación del caso estuvo a cargo del Dr. Santiago Moine. Resulta pertinente dicha presentación en el campo de la enseñanza dado que el nudo del asunto  planteado alude directamente a una problemática institucional, en la cual el padecimiento denunciado por el paciente como “hablar siempre de lo mismo” fue tomado por el practicante como punto de tensión; entrada e inicio de la lectura del caso.

Dicho punto introdujo un límite y una puesta en forma del síntoma frente al establecimiento de la realidad institucional orientada por los discursos de época. A partir de ellos el paciente era abordado en post de su “bienestar”,  lo que alcanzó  para discernir cierta modalidad certera, no así decidida, de relaciones inter-institucionales que doblaban el modelo familiar, del cual el padeciente no funcionaba como excepción.

Lo inesperado estuvo regido por un desprendimiento del caso como diferendo del modelo representante. Por ello, una dimensión temporal, allí donde la demanda de curación operaba en forma circular, pudo hacerse vigente. En este punto el practicante debió tomar distancia con su cargo profesional para que surgiera “un nombre” en el campo de la transferencia, limitando el lazo y dando lugar a otro papel definido como un “ingreso desde afuera” en la topología del cuerpo institucional.

Aquello que se pretendía como modelo en la misión categórica de una institución de salud mental, llamada por el practicante “circularidad”, pudo in-consistir una vez que el saber, que hasta entonces resultaba útil, dejó de serlo. Es en ese espacio donde la institución callaba algo del padecer del sujeto para existir, el practicante “permitió hablar”, lo que en la línea de los saberes de protocolo resultaría una excepción en la pretensión de continuidad.

Lo mental como aquello que permite contar-se y detectar un detalle que opere como diferencia, podrá, o no, transmitir la enseñanza de un caso, allí, por fuera de la re-habilitación. Parecería que solo después de no negar el lugar concedido  o, dicho al revés, creer en el síntoma, se aprovecha la faceta que no haría del caso sustancia sino semblante.

 

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