El bibliotecario está leyendo a Porge

53ce28e0ceddf8ba24000000.__grande__“Así pues, el texto correspondería a lo simbólico, el de los significantes y las letras que se disponen. El libro correspondería a lo imaginario, y sería su soporte visual, aprehensible, reproductible. La lectura estaría del lado de lo real. Pues, aunque sea efectiva, es hipotética, imprevisible, misteriosa en su operación. Es necesario un ‘comprender’ y un ‘paso para comprender pero siendo incluido [y être compris]’. ¿Quién puede decir ‘yo soy lector’ si el que lee es el inconsciente? El lector no deja nunca de ser sujeto supuesto leer”. (Porge, 2005, 65).

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