A pesar de las reglas

Natalia Losano*

 

Resumen

La ciudad de Córdoba estuvo marcada desde sus inicios por la influencia y el accionar tenaz y decidido de la Compañía de Jesús, que cumplía una función “civilizadora”. En el funcionamiento de la cuidad, la iglesia tendría un peso decisivo desde sus primeros momentos. Hacia el año 1610, la Compañía de Jesús funda el Colegio Máximo, que luego, en 1621, se convertiría en la primera universidad del país. El interés de este trabajo se centra en el plan de estudios aplicado en esta casa de estudios superiores, denominado Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Iesu («plan oficial de estudios de la Compañía de Jesús»), que fue establecido en 1599 (en Roma) y se convirtió en el plan de estudios estandarizado para aplicar en todos los colegios de formación jesuíticos diseminados por el mundo.

Palabras claves

Religión – Jesuitas – Plan de Estudios – Reglas – Mental – Distracción.

Abstract

Cordoba city was marked from its beginnings by the influence and tenacious and determined action of the Society of Jesus, who fulfilled a “civilizing” function. In the functioning of the city, the church would have a decisive weight from its first moments. Around 1610, the Society of Jesus founded the Colegio Máximo, which, in 1621, became the first university in the country. The interest of this work is centered in the curriculum applied in this house of higher education, denominated Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Iesu (“official plan of studies of the Society of Jesus”), that was established in 1599 (in Rome) and became the standardized study program to apply in all Jesuit colleges scattered throughout the world.

Keywords

Religion – Jesuits – Curriculum – Rules – Mental – Distraction.


La ciudad de Córdoba estuvo marcada desde sus inicios por la influencia y el accionar tenaz y decidido de la Compañía de Jesús, que cumplía una función “civilizadora”, “domesticando” indios y “desterrando vicios” en los españoles (Gracia, 2006). En el funcionamiento de la cuidad, la iglesia tendría un peso decisivo desde sus primeros momentos, y no solo por su acción educativa y religiosa, sino también por la “posesión de los mejores solares urbanos, la percepción del diezmo y la instalación del Comisariado del Santo Oficio dependiente del Tribunal de la Inquisición de Lima” (Ferrero, 1999, 22). Al parecer, la religión orientaba el funcionamiento de la ciudad en aquellos tiempos, manteniendo “una fisonomía de acatamiento permanente hacia los atributos de la cristiandad”, siendo desde su comienzo “un guion hacia el porvenir” y sirviendo de “freno para posibles excesos” (Bischoff, 2008, 117). De este modo, los religiosos contribuían a mantener el orden social esperado. Quizás, la promesa por ese porvenir soñado e ideal estuvo en la base de la construcción social de la ciudad de Córdoba.

Hacia el año 1610, la Compañía de Jesús funda el Colegio Máximo, que luego, en 1621, se convertirá en la primera universidad del país. Los jesuitas, movidos por la necesidad de contar con una casa de estudios propia, decidieron que la ciudad de Córdoba era el lugar geográfico ideal para ubicarla, ya que, a diferencia de la ciudad de Santiago del Estero, aquí se daban tres condiciones importantes: “por el buen temple de Córdoba […] por la baratura de los alimentos […] por ser como el corazón de las tres gobernaciones” (Gracia, 2006, 150). Recordemos que Córdoba formaba parte de la Provincia del Tucumán, junto con otras cuatro ciudades: Salta, Esteco, San Miguel y Santiago del Estero; y que a la gobernación del Tucumán, hay que añadirle las de Paraguay y la de Chile.

El interés de este trabajo se centra en el plan de estudios aplicado en esta casa de estudios superiores, denominado Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Iesu («plan oficial de estudios de la Compañía de Jesús»), que fue establecido en 1599 (en Roma) y se convirtió en el plan de estudios estandarizado para aplicar en todos los colegios de formación jesuíticos diseminados por el mundo. Este plan estaba compuesto por treinta capítulos que definían claramente, bajo forma reglada, la función de cada actor implicado en el proceso de enseñanza impartido. Así, desde el prepósito provincial, el rector, los profesores de cada materia y los alumnos, debían comportarse obedeciendo las reglas impuestas por este plan, y así alcanzar “el conocimiento y amor de nuestro Creador y Redentor” (Ratio Studorium, 1599, 6).

Su forma reglada y estandarizada permitía, al parecer, alcanzar el conocimiento esperado, dejando de lado lo que era considerado como vicios y distracciones. Algunas de estas reglas dictaban para los estudiantes: “Recta intención: Esfuércense nuestros estudiantes sobre todo en guardar la pureza del alma y tener en los estudios una intención recta, no buscando en ellos otra cosa que la gloria divina y el fruto de las almas […]” y “Estudio y piedad: Decidan aplicarse con seriedad y constancia a los estudios; y así como deben pensar que han de guardarse de que se entibie el amor a las virtudes sólidas y a la vida religiosa con el fervor por el estudio”(Ratio Studorium, 1599, 102-103). Todas estas reglas, que determinaban formas estandarizadas y rígidas de comportarse, buscaban, al parecer, desterrar del accionar de todos aquellos que formaban parte de este proceso, lo que pudiera aparecer disruptivamente, entorpeciendo este ideal de pureza y rectitud. En esa dirección, los alumnos tenían prohibido consultar libros que no fueran los establecidos por este plan de estudios y determinados por los docentes. La educación tenía el exclusivo fin de alcanzar el conocimiento de Dios, para lo cual se trataban de desarrollar todas las capacidades de memoria, atención y concentración.

Al ser expulsados los jesuitas en 1767 de todo el territorio por mandato real, tanto la Universidad como todo lo construido por los religiosos de esta orden, sus posesiones, la imprenta, las iglesias, se vieron afectadas por la “rapiña” y la codicia de muchos en la ciudad, sin encontrar en los ciudadanos comunes defensa alguna, a pesar de haber tenido muchos adeptos en tiempos anteriores, y de haber forjado, en gran parte, la identidad de la ciudad: “en aquella Córdoba de pupilas asombradas ante el despojo que se hacía, hubo quienes se regodeaban por dentro. Se recibía una herencia formidable. Y en lugar de salir aguerridamente en defensa de quienes habían forjado el patrimonio, no pocos prefirieron ayudarlo a bien morir” (Bischoff, 2008, 129). Autoridades y personalidades se repartieron el botín apreciado y envidiado desde siempre. Es que, al decir de Alfredo Terzaga, son dos las “caras de la medalla cordobesa” (Terzaga, 2015, 90).

Los franciscanos se hicieron cargo de la conducción de la universidad, pero no lograron el efecto que los jesuitas, con su rigidez reglada, tenían sobre su alumnado. Historiadores de Córdoba relatan episodios de alteración de la tranquilidad universitaria por parte de los alumnos, que crispaban los nervios de vecinos y autoridades. Al parecer, sin la reglamentación que dictara cómo conducirse paso a paso, para evitar la distracción, o más bien la desorientación o la aparición de cualquier exceso indeseado, esto se hizo presente de manera notoria frente al vacío dejado por los jesuitas.

Al respecto de esta problemática, en Fundación Salto establecemos la distinción entre el trabajo con la mente y el trabajo con lo mental, distinción que puede sernos útil para intentar una posible lectura acerca de esta acción educativa llevada adelante por los jesuitas en Córdoba. Entendemos que el trabajo realizado con la mente remite a un adecuado funcionamiento cerebral, cuya actividad puede, y debe (para ello), ser medible. El trabajo con lo mental, en cambio, al ser “causa de la indeterminación subjetiva” (Bolaños, 2014, 39), interfiere, debido a lo contingente de su aparición, con el rendimiento cerebral esperado, entorpeciendo, distrayendo y enlenteciéndolo. Su emergencia, justamente, es imposible de medir, regular o prevenir.

Si es esto Otro lo que los jesuitas pretendían evitar con el establecimiento de su plan de estudios, era posiblemente debido a que lo mental es inútil para permitir obtener esos resultados buscados. Ahora bien, la pregunta que surge es si realmente puede eludirse la aparición de lo mental, o si, incluso, es posible pretender una vida evitándolo, ya que tal vez sea la única posibilidad de subjetividad. Quizás, esta posible pretensión de los religiosos cordobeses no esté muy lejos de los que hoy buscan prescindir, en el individuo, de lo mental (de lo inconsciente).


* Miembro Fundador y Vocal de Fundación Salto. Coordinadora del Módulo de investigación: La orientación freudiana.

Bibliografía

Bischoff, E. U. (2008) Historia de Córdoba. 117, 129. Córdoba: Lerner Editora S.R.L.

Bolaños, J. (2014) La mente y lo mental. Revista Saltos 1 Salud-Mental. Córdoba: Fundación Salto.

Ferrero, R. (1999) Breve historia de Córdoba 22. Córdoba: Alción.

Gracia, J. (2006) Los jesuitas en Córdoba. 150. Córdoba: Universidad Católica de Córdoba.

Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Iesu, disponible en: http://www.cerpe.org.ve/tl_files/Cerpe/contenido/documentos/Identidad%20Ignaciana%20-%20Modulo%20del%20DGSI/PARTE_2_APOYO_2._RATIO_documento_oficial_1599.pdf. Consultado el 27/11/2016.

Terzaga, A. (2015) Clericalismo y liberalismo: dos caras de la medalla cordobesa. En Revista Saltos 2, 90. Córdoba: Fundación Salto.

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